Reflexiones-Hector Spaccarotela___________________________________________________________________________________

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HECTOR SPACCAROTELLA

tiempodevocional@hotmail.com

Río Gallegos, Argentina

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REFLEXIONES (1) 

Imagen urbana   

1º parte

 Ahí estás, postrada entre la gente,

mostrando tu realidad, desnuda.

 

Golpeas con tu incómoda presencia

las  puertas de miles de almas

con tu duro mazo hecho de silencios.

 

 

 

 Y quienes están de pie no bajan la mirada

porque es más cómodo parecer indiferente.

Les molesta tu olor, tu piel oscura, tu mano

que les sacude la comodidad por unas migajas.

 

 

Te veo, y me dicen: “no la mires”

pero sigues estando aunque cierre los ojos...

aunque siga mi camino de rutinas,

aunque no quiera saber tu nombre

aunque mi presente pretenda que no existes. 

 
 
 

Seguro tienes una historia que contar,

pero te cansó el ritmo del tiempo que pasa;

llegó el hastío del rigor del respirar urbano

Y te quedaste allí… en el dintel de algún portal

Con tu llanto sin lágrimas… solo esperando.

 

Quisiera que supieras que tu voz sin palabras

grita en la noche de la oscuridad urbana;

que cientos, miles, se esconden en sus mentiras 

sabiéndote allí… abajo… en el revuelto de mantas

entre baldozas quebradas de una ciudad absurda.

 

Sigo mi camino, como muchos, como todos.

Se queda tu vida en aquel rincón, quiza hasta mañana.

hoy ya no estará en mí tu molesta rutina de sueños rotos

y al amanecer  te habrás ido a buscar otra cama.

 

¿Cómo te explico que Dios no te ha olvidado?

¿Cómo le cuento a tus ojos de aquella mirada?

¿De qué forma podrá Esa Mano Levantarte

 

Para volver a andar la vida que los días te quitaron? 

Es que eres mi oración, y eres mi esperanza. 

Si te supiera de pie, si pudiera verte reir,

si nuestras vidas algún día se abrazaran,

entonces para ti y para mí la puerta se abriría

hacia una infinitud sin hoy ni ayer  y sin mañana. 

 

Apocalipsis 21:3 al 7  Y oí una voz que clamaba desde el trono: “Esta es la morada de Dios con los hombres; él habitará en medio de ellos; ellos serán su gente y él será Dios-con-ellos; Él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado.”

Y el que estaba sentado en el trono dijo: “Ahora todo lo hago nuevo”. Luego me dijo: “Escribe, que estas palabras son ciertas y verdaderas.”

 Y añadió: “Ya está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed yo le daré de beber gratuitamente del manantial del agua de la vida. Esa será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él y él será hijo para mí.

 

 Pobre amigo, ya pronto se vaciará tu vaso.
No pienses que fue un vaso más grande que los otros.
Hay en el mundo tanto dolor, que toca mucho
a cada alma; la tuya recibió su porción
bien servida...; mas, ¡ay!, cuántas almas mejores
padecieron la dura preferencia de Cristo,
que sólo a los más grandes concede el privilegio
de los grandes dolores.

 (Amado Nervo) 

HECTOR SPACCAROTELLA 

 Imagen Urbana (1)

 

2º parte

 

 Habacuc 1:2 al 4  ¿Hasta cuándo, Señor,

te pediré socorro sin que tú me hagas caso,

y te recordaré la opresión sin que tú salves?

¿Por qué me obligas a ver la injusticia?

¿Acaso tus ojos soportan la opresión?

Sólo observo robos y atropellos y no hay más que querellas y altercados.

 

Por eso, la Ley está sin fuerza y no se hace justicia.

Como los malvados mandan a los buenos,

no se ve más que derecho torcido. 

 

Mi padre, mi abuelo me enseñaron con sus vidas

que esto es lo que ha tocado en el reparto.

 

Es así, no se discute, no se pelea… ¿para qué?

 

Escucho la radio y gentes importantes opinan

preocupados unos,

mientras otros ríen calmadamente y olvidan.

 

Aquí abajo, en lo profundo, no hay preguntas.

Los niños miran y no entienden

Las mujeres lloran su llanto sin lágrimas

Los hombres impotentes callan y beben.

 

Mis hijos constuirán iguales presentes

tratando de encontrar caminos 

que lleven a la boca un plato de comida.

 

A veces me gusta soñar que más allá de la frontera

de esta realidad que la sociedad del hombre nos convida

encontraré la puerta para romper la maldición que nos saquea

y nos obliga a vivir bajo siglos de mentiras.

 

Necesito de la mano generosa,

no para que traiga sobras de alimentos

ni dádivas, ni limosnas, ni propinas.

 

La mano que apriete fuerte y me enseñe

que existe un camino de salida.

 

Héctor Spaccarotella

 

 Imagen urbana (1)

3º parte

 

Quiero ser, tener un nombre,

saber que existo.

las voces me gritan desde adentro

que el tiempo pasa, la juventud pasa,

el reloj corre

y la oportunidad se escurre intangible

como el viento.

 

¿No me ves?

¿qué puedo hacer para que esta vida corta y frágil

tenga un sentido que justifique haber vivido?

 

¿cómo llego hasta tu corazón?

¿cómo sabrás mi nombre?

 

Vivo y muero cada día buscándome,

Me levanto y caigo en la selva urbana

sin encontrar mi camino.

 

¡quiero ser luz,

y que me adviertan asombrados

quienes conducen de la gente sus destinos!

 

¡quiero hablar,  y que me escuches!

¡quiero abrazarte y dejar de sentir  frío!

¡quiero callar, enmudecer, hacer silencio

para que también desaparezcan en mi alma

Las voces interiores que me lastiman

asfixiándome con sus gritos!

 

Cada amanecer, sin embargo, es más difícil

Y el reloj va marcando en mis sentidos

el inexorable final del calendario.

 

Siento que muero sin nacer,

que me desvanezco sin haber vivido.

 

A veces, cuando ya no hay fuerzas

y la cama es una prisión que se hace eterna,

me gustaría

que antes del final triste que el espejo anuncia

alguien tomara mi mano

y sentado a mi lado me enseñara a reír

para despedirme riendo como lo hacen los niños.

 

 HECTOR SPACCAROTELLA

 

 REFLEXION Nº2

El grito 

 

Cuando Habacuc escribió las palabras que aparecen al principio de este texto, era alrededor del año 600 a de C.

El grito a un Dios que no entiende. Puede ser tu grito, o el mío en este siglo, ya que en muchos aspectos la realidad no cambia. Habacuc vivió en épocas terribles, viendo cómo los gobernantes abusaban de los habitantes del reino de Judá, sometiéndolos a medidas opresivas contra los pobres.

También (igual que hoy vivimos en muchos casos, tristemente) el profeta vivió el colapso de un sistema judicial que se doblegaba ante el pdoer económico del rico, no ejerciendo justicia.

Igual que muchos hoy en día, cree en Dios, pero siente que Sus palabras han sido olvidadas, que el poder de su mano no se manifiesta… busca la justicia divina pero Dios no parece ser hallado en ninguna parte.

Habacuc vive una jornada espiritual, en la que el Padre no explica razones que no estarían a la altura del entendimiento de un hombre, pero dice “confía y espera” .

Él necesitaba poder entender, porque tenía la tarea de llevar esa esperanza a quienes estaban sufriendo.  Para que más allá de lo que pudieran ver sus ojos, los maltratados, los sufrientes, los abusados, los tratados injustamente, los expropiados, pudieran seguir confiando en un Dios bueno que hará lo mejor por ellos en la medida enque confíen en Él.

Los últimos versos del final del libro de Habacuc reflejan un canto de esperanza, que nosotros estamos llamados a enseñar a quienes son parte de nuestra realidad de hoy:

 

Habacuc 3:17 al 19  Pues aunque no florezca la higuera ni den las viñas uva en adelante;

aunque falte el producto del olivo y se niegue la tierra a darnos pan; aunque no tenga ovejas el corral y se queden sin bueyes los establos;  yo seguiré alegrándome en el Señor,

lleno de gozo en Dios, mi Salvador.

Yavé, que es mi Señor, es mi fuerza el da a mis pies la agilidad de un ciervo

y me hace caminar por las alturas.

 

 "La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis sino mas bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos. El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad." –

Teresa de Calcuta

 

¿Cómo hacemos para salirnos de nuestra realidad, aprendiendo a amar no solo a nuestros amigos sino a aquellos que no nos conocen y por eso no nos aman?

¿Cómo hacemos para pensar en los otros, y a pensar sobre todo en aquellos a quienes nadie ama, a los despreciados, a los olvidados, a los que para nadie son importantes?

 

Señor, concédenos la gracia de comprender que, mientras nosotros vivimos una vida demasiado feliz, hay millones de seres humanos, que son también tus hijos y hermanos nuestros, que mueren de hambre, sin haber merecido morir de hambre; que mueren de frío, sin haber merecido morir de frío, que han sido humillados por esta sociedad a tal punto que han perdido su dignidad de seres humanos.
Señor, te pido hoy por los que no han tenido la oportunidad de conocerte y viven en extrema necesidad, para que aquellos que somos Tus portadores, podamos derramarnos en sus vidas irradiando Tu esperanza.
Tenemos la responsabilidad de ser cambiadores de vidas. Esa es la herencia que recibimos de Tu hijo Jesús:

 

Lucas 4:18 y 19  El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos  y proclamar el año de gracia del Señor.

  

HECTOR SPACCAROTELLA 

 REFLEXION Nº 3

 

Hijo de Violencia

No soy un profesional en psicología, ni tengo muchas herramientas como para hacer teoría sobre el tema, de modo que lo que vas leer es “de corazón a corazón”.

Una vez más en este espacio siento que tanto vos como yo necesitamos charlar sobre los golpes que damos y que recibimos. Sobre los dolores que sufrimos y que causamos. Pero la óptica cambia.  Las palabras y las imágenes serán distintas.

Me pongo hoy en la piel de un hombre como seguramente vos conocés a muchos. Hombres que son esposos de mujeres y padres de hijos, varones que han sido muy probablemente niños golpeados y que hoy…

El que va a hablar no va a ser Héctor (o por lo menos conscientemente) sino los hombres que muchas veces hablaron conmigo, o de quienes escuché, o cuyos relatos recibí por sus esposas o sus hijos.

Hombres violentos. Hombres que aprendieron a comunicar sus emociones a los golpes. 

Escuchemos el relato imaginario de labios del propio golpeador:

 Quiero hablar sobre esta violencia que parece circular por mis venas, que por momentos pareciera ser más fuerte que mi mecanismo interno de control, más fuerte que yo mismo.

 Estoy lastimando, estoy destruyendo, estoy matando.

 Es posible que vos que estás escuchandome o leyendome, me digas “yo no le pego a nadie”… pero hay palabras que lastiman mucho más que un puño cerrado contra el rostro, hay gestos que hieren, hay conductas que terminan enfermando y matando. Me doy cuenta por el miedo que veo en los ojos del otro, del que está frente a mí. 

Este último tiempo empecé a mirarme para adentro, a trabajar mucho en las formas en que la violencia sale de mí.  

Busco identificarlas, conocerlas y entenderlas.

Es que perdí mucho con mis golpes, y ya no quiero seguir perdiendo.

Me hablaron de una enfermedad, me decían que yo estoy enfermo. Otros hablaron de posesión demoníaca, de la influencia de un espíritu. Es importante que me saque la careta ahora que mi corazón está abierto, para decirte que es un acto voluntario, que no hay nada ni nadie que me obligue, que mi mente sencillamente aprendió así a expresarse. Que hasta me resultó cómodo llenarme de poder haciendo que el otro se sienta una basura.

 

Una de las cosas que aprendí y que me llevó definitivamente a tratar de entender lo que estoy haciendo es que el violento no lo es solamente hacia los demás, que el primero en ser víctima de mi violencia soy yo mismo. Y es tremendo darme cuenta de cómo mi cuerpo, mi alma y mi espíritu sufren siendo víctimas de mí mismo.

Aprendí a descubrir viejos moretones y cicatrices en mi cuerpo. Manchas azules de sangre derramada internamente en mi alma. Y todavía duelen. Pero como son muy antiguas, me había acostumbrado a convivir con ellas, y ya no les prestaba tanta atención… pero me seguían molestando.

Esos moretones, esos golpes recibidos me incomodaban como una piedra en el zapato. Y traté de sacarlos de mí, de expulsarlos.

Con el paso de los años empecé a sentir alivio a ese malestar descargando esa incomodidad en otras personas.

Cuando era joven fue con mis hermanos menores y amigos, con mis compañeros de trabajo… pero donde la magnitud de todo el poder de destrucción desarrolla todo su potencial es con mi familia. Con los que me aman y conviven conmigo diariamente… mi esposa, mis hijos.

Oré a Dios buscando cambiar y Él me habló a través de su Palabra escrita:

 

Isaias 59:2 al 3   Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos .

Porque vuestras manos están manchadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios hablan mentira, vuestra lengua murmura maldad.

 

Mi violencia me aleja del Dios al que amo, y me aleja de las personas que me quieren, los hombres y mujeres me rechazan, me alejan, se dan cuenta de la agresividad en mis ojos. Temen a mis manos, a mis brazos. Cuando me enojo el color de mi piel cambia y me transformo.

Mi familia no se aleja de mí porque mis golpes los intimidan, porque me ocupo permanentemente de engañarlos haciéndoles sentir que me necesitan, que sin mí no son nada, que con golpes y todo no podrían sobrevivir lejos de mí.

Pero yo sé que desean irse lejos de mis puños, de mis gritos. Sé que los hago profundamente infelices.

Los engaño, les miento, los confundo.

 

Isaias 59:4 al 6   No hay quien clame con justicia ni quien abogue con honestidad. Confían en la confusión, y hablan falsedades; conciben malicia, y dan a luz iniquidad.

Incuban huevos de áspides y tejen telas de araña; el que come de sus huevos muere, y del que es aplastado sale una víbora.

Sus telas no servirán de vestidos, ni se cubrirán con sus obras; sus obras son obras de iniquidad, y actos de violencia hay en sus manos.

 

Estoy aquí, hablándote para que también reflexiones sobre tu violencia, sobre tus golpes, sobre tu familia. Ellos están sufriendo mucho. Y nada de lo que construyas en ellos será para bien. Estas sembrando semillas de violencia en los corazones de tus hijos. Ellos aprenderán a necesitar golpear para intentar de ese modo aliviarse de sus propios moretones y heridas, de los que vos les causas hoy.

 

Isaias 59:7 y 8   Sus pies corren al mal, y se apresuran a derramar sangre inocente; sus pensamientos son pensamientos de iniquidad, desolación y destrucción hay en sus caminos.

Camino de paz no conocen, y no hay justicia en sus senderos; han torcido a su favor las sendas, cualquiera que ande en ellas no conoce la paz. 

 

El profeta Isaías me describe. Habla de mí.

El Señor me muestra un espejo donde puede verse mi imagen.  No es bueno, definitivamente no es bueno lo que hago. No hay nada que pueda hacer mi mujer o mis hijos que amerite que los torture con mis golpes y mis gritos. Ellos no conocen la paz, porque en el propio hogar donde deberían aprenderla, están recibiendo odio y destrucción.

Tenemos que reflexionar sobre quienes somos, sobre lo que estamos haciendo, sobre el daño enorme que el otro está sufriendo de nuestras manos.

 

Isa 59:9 al 12  Por tanto el derecho está lejos de nosotros, y no nos alcanza la justicia; esperamos luz, y he aquí tinieblas, claridad, pero andamos en oscuridad.  Vamos palpando la pared como ciegos, y andamos a tientas como los que no tienen ojos; tropezamos al mediodía como al anochecer, entre los robustos somos como muertos.

Todos nosotros gruñimos como osos, y gemimos tristemente como palomas; esperamos la justicia, pero no la hay, la salvación, pero está lejos de nosotros.

Porque se han multiplicado nuestras transgresiones delante de ti, y nuestros pecados testifican contra nosotros; porque nuestras transgresiones están con nosotros, y conocemos nuestras iniquidades.

 

Y busco paz… y no hay paz en mi violencia. Y busco a Dios pero la oscuridad me rodea. Y quiero ser felíz pero no puedo. Me siento vacío teniéndolo todo.

 

Reconozco, Señor, que mis golpes son pecado.

Que no estoy enfermo, que no hay nada que justifique mi violencia. Estoy pecando contra Vos y contra los que me aman. El odio, la mentira, el arma mortal de destrucción está dentro mío y ESTOY MINTIENDO si digo conocerte, porque vos no sos un Dios de violencia sino de Amor.

Hoy sé que tengo que ponerme ante tu Presencia, Señor, pidiendote perdón por mis pecados. Estar dispuesto s hacer lo necesario para aprender a conocerme y saber porqué estoy actuando de este modo. Salir a buscar ayuda porque solo no puedo.

Tengo que pedirte que limpies mis manos de la sangre de los otros que las mancha… Que limpies mi alma de esos ojos que me miran llenos de miedo.

Enseñame, Señor, a pedir perdón por el daño que hice y que ya no quiero seguir haciendo.   Enseñame el camino de la paz que nunca tuve. Enseñame a apoyarme en Vos como en la Roca  sólida y firme en la que puedo sentirme seguro.

 

2Samuel 22:1-7  Habló David las palabras de este cántico al SEÑOR el día que el SEÑOR lo libró de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl.

Y dijo: El SEÑOR es mi roca, mi baluarte y mi libertador; mi Dios, mi roca en quien me refugio; mi escudo y el cuerno de mi salvación, mi altura inexpugnable y mi refugio; salvador mío, tú me salvas de la violencia.

Invoco al SEÑOR, que es digno de ser alabado, y soy salvo de mis enemigos.

Las ondas de la muerte me cercaron, los torrentes de iniquidad me atemorizaron;

los lazos del Seol me rodearon, las redes de la muerte surgieron ante mí.

En mi angustia invoqué al SEÑOR, sí, clamé a mi Dios; desde su templo oyó mi voz, y mi clamor llegó a sus oídos.

A veces mi enemigo soy yo mismo. Y yo soy el enemigo de los otros. Hoy te pido, Señor, que me ayudes porque estoy perdiéndolo todo. Pierdo a mi esposa y a mis hijos. Pierdo el mayor tesoro que pusiste en mis manos.

Quiero aprender a ser felíz haciendo felices a los que me aman. Quiero encontrar la paz que nunca tuve.

 

Mateo 18:3 al 7  y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.

Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.

¡Ay del mundo por sus piedras de tropiezo! Porque es inevitable que vengan piedras de tropiezo; pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!

 

HECTOR SPACCAROTELLA     

 

 REFLEXION Nº4

El humo de la chimenea encendida

 

El tema sobre el que me gustaría reflexionar en esta oportunidad tiene que ver con el ruido de las palabras o con la necesidad del mundo actual de que podamos nosotros, quienes tenemos un mensaje de Dios para dar a los demás, hablar a través de nuestro silencio.

Los sonidos del silencio o bien la necesidad de silencio interior y exterior para escuchar la voz de Dios que hoy, todavía, en pleno S. XXI nos sigue hablando todo el tiempo.

Esto de lo que hablo no lo estoy inventando yo; Santiago, Juan y el mismo Jesús ya lo dijeron.

Para comenzar quiero compartir un pasaje de Santiago para que lo tomamos como texto central en esta reflexión. Habla sobre "El poder de la lengua":

 Santiago 3.1 a 12: Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí!! cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.

 

Recordaba cuando leí esta cita que en los ´80 estuve con mi esposa y con mis hijos haciendo un trabajo para mi empresa pero además visitando a unos amigos que habíamos conocido recientemente, en un pueblo llamado Tres Lagos (para los que no son de aquí, de Santa Cruz, es una pequeñita localidad situada  a unos 400 km de Río Gallegos).

Ubicado en el medio de la estepa patagónica, Tres Lagos tenía en los años ´80 unos 400 habitantes (tiene hoy, tristemente, unos 200). Es uno de aquellos pueblos que cumplieron en su momento, a mitad del S. XX, una importante función sociopolítica y que luego, por como avanzan el mundo y la sociedad, por como marchó la realidad de nuestro país y de nuestra amada Santa Cruz, fue cambiando completamente hasta convertirse en una pequeña población (que es bellísima, a mi me encanta).

Allí estuvimos, a principios de los ´80 visitando a unos amigos.

Clarita era la directora del jardín de infantes de Tres Lagos  y Daniel era el director de la escuela primaria de allí. Todo por supuesto que con una población muy reducida y limitada, pero ellos estaban muy preocupados porque la calidad de la enseñanza que se diera en esas instituciones educativas fuera, realmente, de primera calidad.

Así nos involucramos con ellos en un proyecto, allí se planteó la cuestión laboral inclusive, que tenía que ver con el armado de una radio FM en la localidad de Tres Lagos a cargo de la escuela primaria y la publicación de una revista mensual a cargo del jardín de infantes.

De modo que, como mi empresa desarrolla tareas técnicas relacionadas con la electrónica y la informática, los proveímos de los materiales necesarios para que el proyecto pudiera ser llevado adelante.

Pero ¿por qué la preocupación de ellos?

Se dieron cuenta y así lo expresaron: "en este pueblo la gente no lee porque no lo necesita". 

Imaginate vos, en la década del ´80 en ese pueblo no había radios para que la gente escuchara música o las noticias, ni tampoco llegaban los diarios, no había Internet. (No creas que la realidad cambió mucho hoy en día, en el año 2012; siguen teniendo enormes dificultades en la comunicación, pero en aquel momento eran todavía mayores).

Entonces, me decía la joven directora del jardín de infantes: "aquí no hay carteles en los comercios ¿para qué va haber un cartel que anuncie que aquí, por ejemplo, hay una panadería? si es la única del pueblo, o ¿para qué va a haber un anuncio que diga Correo Argentino? no podría estar en otro lado que donde está y queda a una cuadra de todas las casas del pueblo".-

Y así había una sola carnicería, una sola panadería, una sola comisaría, una sola escuela, solo un jardín de infantes, etc. No hacían falta carteles de publicidad.

En nuestras ciudades, ya un poco más grandes, vamos por la calle y encontramos anuncios de productos comerciales, una propaganda de algún político de turno, vemos publicidades que podemos leer en los automóviles dedicados a las actividades comerciales, y en cada uno de esos carteles estamos leyendo palabras escritas; en realidad estamos leyendo todo el tiempo.

Yo quisiera que vos te imagines saliendo de tu casa y recorriendo las cuadras (20 o 30 o dependiendo del lugar donde vivas tal vez tengas una hora de viaje) que te llevan a tu trabajo. ¿Cuánto leíste? el número del colectivo y su recorrido, las publicidades comerciales y los nombres de las calles, los carteles de los comercios y empresas…

¿cuánto, solamente en el transcurso del viaje hasta tu trabajo, llevas leído?

Palabras, palabras que nos inundan…

Por supuesto que no es solamente escrito. Escuchamos la radio y la televisión, vemos cine y películas en DVD, recibimos palabras y más palabras por todos lados, escritas, grabadas, en audio, de las formas más diversas porque si en algo se caracteriza este tiempo es en el uso de las palabras, el uso de la palabra escrita y hablada.

La gente, está saturada de tanta palabra.

Llegamos a la oficina o a casa y lo primero que hacemos es encender la computadora para poder chusmear lo que pasa en las redes sociales y nos enganchamos a chatear a través del MSN, o hablamos con alguna persona conocida por medio de Skype y enviamos correos electrónicos…

 

Palabras…Palabras…Palabras… 

Encendemos la radio y allí encontramos palabras que nos inundan y que están por todos lados.

Un mundo de comunicaciones pero, también, un mundo lleno de palabras.

Probablemente no te hayas puesto a pensar mucho hasta este momento en el que estoy reflexionando con vos.

Esta cita de Santiago hablando de la perversidad de la lengua me llevó a pensar. Cuando uno lee habitualmente Santiago 3, piensa en cuando se dice una maldición o algo incorrecto, una mentira o un chisme, en algo que claramente es negativo a los ojos de Dios y, entonces, estamos usando la palabra para aquello que Dios no la destinó.

Pero yo te desafío a pensar en algo distinto hoy, ¿estamos haciendo la voluntad de Dios cuando utilizamos como principal herramienta de evangelización la palabra?

¿Estamos, realmente, cumpliendo con la bendición de Dios cuando evangelizamos, cuando damos un mensaje cristiano o intentamos llevar la buena nueva a través de la palabra solamente?

Si te fijas y observas con toda claridad, los que están aceptando a Jesús en este tiempo, en su gran mayoría, no son los que reciben una palabra que los convence dicha por un hombre, si no aquellos que desde una necesidad interior importante e impetuosa, desde un vacio muy grande en su corazón necesitan buscar a Dios y entonces encuentran la llave a través de un mensaje que alguien da o de un pasaje de la Biblia o de una lectura casual en algún libro; la llave es la conexión del Espíritu del Señor con el de esa persona.

Pero ¿hablando solamente? ¿vos crees, realmente, que la herramienta del habla para predicar es la más eficiente en este tiempo?

¿Cuántas veces por tirarle por la cabeza cientos de miles de palabras terminamos haciendo que la persona se aleje en lugar de acercarse a Dios como nosotros buscamos?

Y ¿qué pasa con el predicador que se sube al púlpito o con el orador que esta frente a decenas  o cientos o miles de personas que lo escuchan?

 

Hablamos, hablamos, hablamos… 

Palabras...Palabras...Palabras. 

Yo creo que Dios nos invita a pensar en la eficiencia de nuestra tarea; por eso es que estoy compartiendo con vos este mensaje. Tenemos una tarea que hacer, claramente anunciada por el mismo Jesús para todos los cristianos.

 

Marcos 16:15 Y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura

 

La Palabra de Dios nos pide que prediquemos " a tiempo y fuera de tiempo".  Pero es necesario que las palabras no suenen huecas, sin contenido espiritual. Hay "demasiado ruido" llegando a los oídos de quienes nos escuchan.

 

¿Sabés quién fue Vincent Van Gogh? (1853-1890) fue un pintor neerlandés, uno de los principales exponentes del postimpresionismo. Pintó 900 cuadros (de ellos 27 autorretratos y 148 acuarelas) y 1.600 dibujos. supongo que de alguna forma o de otra habrás sentido hablar de él; Un hombre de profunda fe muy abrumado por sus fantasmas interiores, por sus gritos internos, por su necesidad de expresión.

Se dice de Vincent Van Gogh que es el padre del Impresionismo. Uno puede ver un sinfín de cuadros bellísimos pintados por él que resaltan las luces y las sombras de aquello que él estaba viendo con los ojos del cuerpo y con los del alma.

Este hombre, como te decía antes, de profunda fe en Dios, escribió algo que me gustaría compartirte, si me lo permitís.

 

"Puede haber un gran fuego en nuestra alma pero nunca viene nadie a calentarse en él, y el que pasa solo ve una columna de humo saliendo por la chimenea y sigue su camino.

Y entonces ¿qué tenemos que hacer? ¿Habremos de cuidar el fuego interior teniendo sal en uno mismo, esperar pacientemente pero con gran impaciencia por la hora en la que alguien vendrá y se sentará, quizá para quedarse?

Qué quién crea en Dios espere la hora que llegará más pronto o más tarde"

 

Está hablando del fuego interior de tu corazón usando la metáfora de una casa.

Claro, si vos no tuvieras el fuego encendido adentro tuyo no estarías leyendo esta reflexión.

Si vos no mantuvieras la chimenea humeante en tu casa espiritual no estarías compartiendo conmigo estas palabras.

Tenemos el fuego encendido y un mandato dado por Jesús para que ese fuego sea transmitido a otros: "Vayan hasta el fin del mundo, recorran todos los lugares y hablen con todas las personas sobre este Evangelio", dijo Jesús antes de subir al Cielo.

Y con ese fuego adentro nuestro sentimos la necesidad de poder transmitirlo, para que otros también puedan encenderlo en sus almas.

Pero… ¿la forma que usamos es la correcta?

Fijate lo que pasó con Van Gogh; él tenía mucho fuego adentro. Es una característica de los grandes artistas, tanto en la plástica (como es el caso de este pintor), como en todas las artes. Me acuerdo de Beethoven, que decía que hacer música era la única forma en que podía descansar su alma, ya que si no lo hacía todos los sonidos en su interior lo asfixiaban. Lo mismo sucede con escritores, con escultores, etc.

Pero Vincent Van Gogh vivió los años que vivió, que por cierto fueron pocos, y pintó cientos de cuadros, pero a ninguno llegó a verlo vendido durante su vida.

Hoy en día cualquiera de sus obras vale cientos de miles de dólares, creo que algunos ya han superado el millón de dólares en su valor de venta en las galerías artísticas o comerciales… sin embargo él murió en la extrema pobreza, sin haber conseguido ni un solo centavo por ninguna de sus obras.

Pero a este famoso artista no le preocupaba "mostrar" o "hacer dinero" sino que no se apagara el fuego; él sabía que llegado el momento "ya va a mandar Dios, cuando sea la hora, a aquella persona que vea el humo en la chimenea y entre a buscar el calor del hogar".

Y Dios lo mandó, hoy en día sus cuadros vale cientos de miles de dólares.

Su intranquilidad no era porque sus cuadros fueran vendidos ni por obtener enormes riquezas de sus creaciones, su preocupación era que el fuego estuviera encendido en el hogar.

¿Qué hacemos nosotros como cristianos?

Creo que Dios me motiva a compartirte estos pensamientos porque en demasiados casos salimos a hacer exactamente lo contrario, es decir a "vender" un fuego que no tenemos dentro… o que si lo tenemos está tan debilitado que no puede calentar a nadie.

En otros casos el hogar está encendido, allí están las brazas ardientes  y la chimenea está humeante. Pero abrimos todas las ventanas, puertas y aberturas de la casa de modo que otros que pasan por allí vean que hay mucho fuego adentro. Incluso salimos a la puerta diciendo "pasen, pasen y vean"

¿No estaremos desesperándonos por hablar y hablar más todavía sin incluso preparar el terreno antes, sin escuchar primero para saber si quien nos escucha tiene o no hambre, tiene o no frío, tiene o no necesidad?

Así es como en lugar de acercar a la gente a Jesús generamos un efecto contrario hacemos que nuestra lengua, como dice Santiago, se convierta en una herramienta usada por el enemigo en lugar de por Dios.

La propuesta de Van Gogh es inversa:  preocuparnos por mantener el fuego encendido para que aquel que tiene hambre, frío o necesidad vea la chimenea prendida y se vea motivado a golpear la puerta de casa para pedir si le damos un espacio para sentarse junto al hogar al lado nuestro.

¿No será esa una forma en la que el hombre de hoy, saturado de palabras, necesita volver a conectarse con Dios?

Claro que este no es un tratado de teología; sí hablo a partir de mis propios errores y experiencias. Hay personas que después de meses de oración y preparación por mi parte, son iluminados por el Espíritu Santo para ver el humo de la chimenea… y cuando esto sucede vienen corriendo ellos mismos a golpear la puerta.

Creo también que es necesario reflexionar sobre nuestro silencio interior; que todo esté acondicionado. ¿Cómo está nuestra oración con Dios? ¿Nuestra provisión diaria de leños para que el fuego se mantenga encendido y el ambiente cálido y confortable?

No sé, por lo menos creo que hay que pensar si no estamos utilizando demasiado la herramienta de la lengua como única forma de portar el mensaje del Evangelio, en un mundo saturado de palabras.

Muchas veces las personas que tienen oportunidad de servir en el campo misionero descubren maravillados que el Espíritu Santo obra de otra forma, y se preguntan ¿porqué no hay esta efectividad en nuestros países de Latinoamérica?

En mi ciudad, de 120.000 habitantes, hay 5 emisoras de FM,  cuatro librerías  y dos canales de televisión cristianos. Esto además de las formas tradicionales de evangelismo que usan quienes salen puertas afuera de sus congregaciones  a repartir volantes, regalar Biblias, etc……

Una sociedad saturada de palabras que necesita invitar a las personas al silencio, a buscar en su interior aislarse de ruidos y encontrarse consigo mismos, para abrir las puertas de su alma y que el Señor pueda entrar.

Como ministros del Evangelio, como personas que tenemos la misión de llevar a Jesús a otros sufrimos la tentación de irnos en palabras, creo que cometemos el error de hablar demasiado y terminamos, de ese modo, saturando las mentes de nuestros potenciales oidores.

El hablar demasiado, el utilizar en exceso las palabras debilita el mensaje. Posiblemente el usar demasiado las palabras haga que entibiemos el mensaje.

Te invito a utilizar otra herramienta, el silencio interior. Es una disciplina sagrada utilizada por el Espíritu Santo.

Aprender a usar el silencio y quedarnos sentados, simplemente, a mantener el fuego encendido para que aquel que necesite se acerque al hogar y busque el calorcito.

Yo te puedo asegurar que si nos mantenemos preocupados rescatar nuestro silencio, por aislar nuestra alma de ruidos externos, por encontrar la paz en nuestra soledad, el Espíritu Santo se va a encargar del resto.

Creo que si no partimos de construir y mantener encendido el hogar, nos vamos a convertir, (como dice Pablo en la primera de Corintios 13), en metal que resuena o címbalo que retiñe. Simplemente una voz que suena, un ruido más en la jornada de la gente, un ruido más que no llega a ser lo suficientemente eficiente. Y hasta en muchos casos es rechazado.

Yo creo que Dios me está llamando a mí (y si comparto con vos este mensaje también, posiblemente te esté llamando a vos) a construir un silencio suficientemente intenso e inundado de la presencia del Señor en nuestras vidas para que aquel que necesite venga, sea más temprano o más tarde.

Seguramente habrá quienes estén de acuerdo y quienes no con lo que digo. Compartí tu opinión conmigo, haceme llegar tu crítica o tu reflexión al respecto.

Yo, por mi parte, voy a mantener estufa encendida para que vengas a sentarte conmigo alrededor de Ella. Si tenés la necesidad del calorcito del hogar, podrás ver por la chimenea que esta todo dispuesto para que encuentres más de lo que ya recibiste.

Me permito cerrar esta reflexión con palabras de Henry Nouwen (El camino del corazón, editorial Guadalupe); él habla de trabajar en la pureza de nuestro corazón, como preparación del aposento para recibir a otros:

 

Esta pureza del corazón nos permite ver más claramente no sólo nuestro propio yo necesitado, deformado y ansioso, sino también el rostro solícito de nuestro Dios compasivo. Cuando esta visión permanece clara y nítida, nos resultará posible movernos en medio de un mundo tumultuoso con un corazón en reposo. Es este corazón aquietado el que atraerá a aquellos que intentan encontrar el camino en la vida. Cuando hemos encontrado nuestro descanso en Dios, no podemos hacer otra cosa que servir. El descanso de Dios se hará visible donde vayamos y a cualquiera que encontremos. Y antes de decir ninguna palabra, el Espíritu de Dios que ora con nosotros hará notoria su Presencia y reunirá a la gente en un  nuevo cuerpo, el cuerpo del mismo Cristo.

 ¿Qué mas? Solamente proponerme trabajar mi reposo interior, la preparación del ambiente necesario… y esperar que el Señor traiga a los suyos.

 

HECTOR SPACCAROTELLA         

 

 REFLEXION Nº5

 

CAMINANDO...

Lucas 15:12  y el menor de ellos le dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió sus bienes. 

Es dificil de explicar; me doy cuenta que estoy tratando de sacar al exterior emociones tan íntimas que no existen palabras que puedan explicarlas facilmente.

He aprendido que es bueno hablar de estas emociones y sentimientos, que cuando más uno las puede sacar de adentro más las procesa, además de que les resulta más fácil a los demás comprendernos.

Sacarlas fuera del pecho, está bueno, porque se siente alivio y es como que puede entrar más aire en los pulmones.

Camino por una calle que probablemente en otra hora del día esté llena de vida, pero que ahora en medio de la noche es solamente un callejón con cientos de comercios que por miedo a los robos han bajado percianas y puesto candados, de modo que ni vidrieras hay para vivir sus luces.

Una calle que ahora parece enorme, vacía, hasta peligrosa. Aunque cuando es horario comercial es lugar de tránsito para miles de personas cada jornada. 

Estoy lejos de casa… demasiado lejos. 

¡Cómo quisiera el calorcito del sillón que hasta tiene la forma de mi cuerpo después de tantos años!

¡Cómo quisiera la iluminación tenue que invita a relajarse. La buena lectura del libro al que le dedico un rato cada día!

No te confundas, que no es miedo. O por lo menos no es el miedo que asusta.

Es la sensación incómoda de estar lejos de casa. Es la necesidad de desandar los caminos y volver a algún lugar en el tiempo donde estaba el hogar encendido y los aromas de siempre.

Instintivamente miro hacia atrás como si pudiera volver y sé que no es posible, porque aquel lugar ya no existe, ni volverá.

¿Es que estoy tan perdido que este caminar me alejó demasiado?

No, es que este transitar no se da en un presente que tenga retorno, sino que segundo a segundo se envamina hacia el futuro. 

Y del futuro no se vuelve.

No hay forma. 

A veces uno piensa que sí, pero la realidad termina convenciéndonos de que eso solamente pasa en las películas de ciencia ficción que tanto alimentaron la fantasía de nuestro crecer.

Claro que es dificil explicar la incomodidad.

Los zapatos han rozado por demasiado tiempo los pies y hay inflamación, parecen más ajustados. La ropa se ha puesto pegajosa, la barba ha crecido y ya pincha. La piel se fue contaminando lentamente de la grasitud de ese aire… que me da la impresión que ya nunca se parecerá al de casa.

Mirándome en la única ventana abierta que encontré, descubro que también mi rostro tiene marcas de distancia.

La mirada cansada, las arrugas que aprecen en la cara después de años de luchar contra el viento, los cabellos prematuramente blancos, la garganta reseca, la espalda encorvada hacia adelante como si cargara una mochila inexistente… o que si existe es invisible a los ojos…

Cuando puedo me tomo un descanso en el dintel de alguna ventana cerrada y allí puedo cerrar los ojos. En ese momento pareciera que es posible, que fuera solamente cuestión de tomarse un colectivo, sacar un boleto hasta el cruce de calles. Mirar por la ventana porque por ahí el barrio ha cambiado un poco, y bajarse en la esquina justa donde antes estaba la farmacia y la pizzería enfrente.

Ahí, donde antes había un puesto de diarios… que ya no está.

Ahí, donde una vieja tintorería sigue estando, atendida por otros japoneses que ya no son los mismos.

A veces, pareciera que uno puede volver a tocar el timbre de la entrada con el código de timbradas que permita a los de adentro saber que es familia quien está afuera.

Y que al abrirse la vieja puerta metálica seguirá recibiéndonos la vieja mirada sonriente dándonos la bienvenda.

Adentro posiblemente prepararían mate o café estilo italiano, fuerte y cortito.

Entre tanto hay cuadros en las paredes, fotografías en el mueble de la cocina, la ventana que da al patio donde puede verse la parra que ya en febrero está cargada de uvas.

El canario en su jaula canta… como antes cantaba.

La escalera que da al taller donde hay más imágenes, sonidos de sierras y olor a madera recién cortado.

A veces, uno se da el permiso de parar todo y mirar hacia atrás en la calle por donde vengo, creyendo que hay forma de volver… pero no es posible… o si lo fuera no descubrí el camino de regreso.

Seguramente vendrá pronto el amanecer y el nuevo día a uno lo distraiga de esta necesidad que oprime el pecho, y nos vendrán al encuentro los hombres y mujeres del presente. Seres que demandarán nuestra atención, nuestro cariño, nuestro enojo y nuestra frustración.

Al aparecer la luz de la mañana las tiendas van a subir sus persianas y van a aparecer otras personas que necesiten compartir las veredas.

Claro que hay que seguir andando, no tengo dudas y no me lo cuestiono.

Si no me detuve en tantos años, sé que tampoco puedo hacerlo ahora… pero tengo que confesarte (ahora que estamos solos vos y yo), que hay una parte de mí que necesita volver a casa.

¡Volver a casa!

Cuando uno está lejos extraña, añora el abrazo cálido del que manifiesta por todas las formas y caminos que encuentra el corazón, cuánto se ama.

Por ahí no sea tan dificil… ¿Qué pasaría si volviera?

¿Será que después de todo no es demasiado tarde? ¿Será que si busco la forma todavía estoy a tiempo ?

¿Será que alguien podrá abrir la vieja puerta después de dar la señal de que soy yo quien llama?

¿Será que todavía podrá haber oídos que estén dispuestos a escuchar, manos que toquen las mías, y el mismo café caliente sobre el fuego?

¡Tengo tanto que contar!

¡Tanto que pedir perdón!

Me equivoqué, cometí muchos errores, perdí mucho y a muchos.

¿Sabés? Si pudieras escucharme todavía, te mostraría mis manos agrietadas y te contaría que hubo un tiempo en que estaban llenas, y que había otras manos que las apretaban.

Pero ahora parecen resecas, demasiado vacías, demasiado solas.

Me gustaría contarte si me escucharas, que me jugué todo a vivir mi vida a pleno, jugándome a exprimir cada segundo, apostando a la suerte y al destino.

Uno se ilusiona pensando que la vida es otra cosa y que realmente es dueño del reloj y del destino.

Pero perdí, quedándome sin nada en el corazón ni en los bolsillos, porque la suerte no parece existir cuando estoy lejos .

Yo volvería… después de todo descubrí que esta calle no conduce a ningún sitio.  No tengo nada que perder… ya lo he perdido todo…¡todo!

 Yo volvería, a preguntarte si en algún lugar de la casa todavía queda sitio… para ayudarte aunque no siendo tu hijo.

Yo volvería a preguntarte si podés compartirme un poco de pan que llene el estómago vacío y el otro, el que me devuelve la idea de que después de todo, vivir sigue teniendo sentido.

Tengo lastimados los pies y enfermo el cuerpo.

Te necesito, me daré la oportunidad de buscarte.

Espero que encuentre la esquina donde bajarme del micro de pasajeros; la señal será el viejo quiosco de diarios, con la farmacia barrial que tiene la cruz de lata verde como cartel sobre la pared...

Espero poder estar otra vez frente a la puerta y que reconozcas mi voz cuando te llame.

Espero… necesito reencontrarte.

¿Me recibirás si vuelvo? ¿Será que todavía no es demasiado tarde? 

Lucas 15:20 al 24  Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó.

Y el hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo."

Pero el padre dijo a sus siervos: "Pronto; traed la mejor ropa y vestidlo, y poned un anillo en su mano y sandalias en los pies;  y traed el becerro engordado, matadlo, y comamos y regocijémonos; porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado."  

 

El hombre construye barreras de excusas. Inventa que no cree, que no siente, que no se puede.

Se siente solo, y se está muriendo de hambre y de tristeza.

Ha fracasado una y otra vez, y por cada experiencia  ha pagado un precio muy alto.

Llega un momento en que no hay deseos de seguir andando y hasta muchos se echan a un costado del camino pensando que ya nunca llegarán a ningún lado.

¡Cómo quisiera decirles que están siendo engañados!

¡Que la sociedad movida por el enemigo espiritual, se ha ocupado de llenarlos de placebos, de entretenimientos que parecían llenar… pero no llenan!

¡Cómo quisiera encontrar la forma de decirles que el Padre está allí, con los brazos abiertos esperando!

¡Cómo quisiera que pudieran volver sobre sus pasos, que el hogar sigue estando donde siempre, que existe un camino de regreso!

¡Si pudieran entender el desesperado amor del Padre!

¡Si pudieran animarse a volver a los caminos antiguos! ¡Si pudieran conocer que Dios está allí, desesperado por escuchar la voz de su hijo diciendo “Abba…papito…aquí estoy, ¡volví a tus brazos”! 

Gálatas 4:6  Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! 

 

HECTOR SPACCAROTELLA        

  REFLEXION Nº6

 

 

GRIPE DEL ALMA 

 Hubo momentos en que lo ocultaba, igual que mucha gente. El estar triste, el no estar bien se termina guardando dentro como sucede con determinadas enfermedades que parecen “vergonzantes” sobre todo a ojos de quien las vive. Y entonces las oculta.

Otra veces nos guardamos nuestros problemas anímicos porque la respuesta de la gente no es buena, o tenemos miedo de que no sea buena.

Pero después de años de luchar contra la tristeza, contra la angustia, contra la depresión, comienzo a comprender que es necesario que lo hable. Aunque no tenga muchas cosas coherentes que decir, aunque tampoco tenga ganas de escuchar las cosas coherentes o no que la gente que me quiere y está a mi lado tiene para decirme. Aunque los demás no estén preparados para que hable de aquello que nadie habla, para aquellas palabras que otros asocian con melancolías profundas, con soledad, con aislamiento y hasta con la muerte, claro.

Y debo decir que en los momentos de sentirse allí en lo profundo del pozo, muchas veces hay pulsión de muerte. A veces disimulada, a veces oculta.

Elegí hablar de esto con vos hoy, titular en primera persona mi relato, porque a partir de lo que a mí me pasa cuando me siento mal, posiblemente pueda ayudarte a vos, que no tuviste la oportunidad o la fuerza de hablarlo con nadie. Como seres humanos que somos, alguna vez hemos experimentado el sentirnos mal y sabemos de qué se trata. Lo que nos diferencia tal vez, es la manera de afrontar o salir de ese estado. 

Salmo 31:9  Ten misericordia de mí,  Jehová,porque estoy en angustia;   se han consumido de tristeza mis ojos, también mi alma y mi cuerpo.¡se agotan mis fuerzas a causa de mi tristeza  y mis huesos se consumen! 

El salmista tuvo la posibilidad de expresar lo que su corazón sentía. Estar triste, estar deprimido no significa estar en pecado. Muchos creyentes se averguenzan de su angustia porque creen que no es digno de aquel que tiene fe.

Muchas veces se oculta la depresión porque se la asocia con fracaso… y definitivamente Dios no quiere personas fracasadas, ¿no?

Es que la asociación cultural que asocia nuestra mente nos lleva a lastimarnos más, a autoengañarnos, a meternos en una trampa de la que cada vez es más dificil salir.

La culpa es una de las herramientas más poderosas que el diablo usa contra nosotros. Hacernos sentir culpables, porque no podemos reconocer cuanta riqueza tenemos a nuestro alrededor.

Una amiga me decía que no entendía porqué estaba mal.

¡Si a vos no te falta nada!

¡Si tenés una hermosa familia!

¡buena salud!

¡Si tenés buen trabajo!

¡Si estás rodeado de amor! 

…Y uno se carga de culpa, porque se siente injusto con la vida, injusto con Dios.

Muchas veces me dicen:

  “¿cómo podés estar triste vos que sos una persona de fe?

 Es que creo de verdad que la comprensión plena de lo que pasa solamente puede darse en aquel que ha vivido la experiencia.

Por eso es que hago el ejercicio de charlarlo con vos. Porque sé que tuve la oportunidad de resolver estas situaciones de un modo que otros no tuvieron, y porque sé, estoy seguro y convencido de que Dios puede ayudarme y hasta sanarme, igual que lo puede hacer con vos.

Sentirnos mal es parte de la vida. Son  momentos en que nos sentimos bajo el agua, casi sin aire, esperando salir a flote y alcanzar esa bocanada de aire reparadora. Y mientras esa salida a la superficie no llegue, tenemos que seguir nadando, a veces, sin saber siquiera donde está la superficie.

 Jeremías 6:16  Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.

 En ese momento en que no vemos fácilmente la salida, en ese momento en que da la impresión en que abrir los ojos o mantenerlos cerrados es lo mismo, porque tenemos la sensación de estar en completa oscuridad, Dios nos dice: “Parate, no sigas avanzando porque no sabés en este tiempo hacia dónde ir. No tiene sentido que sigas caminando. Detenete y tratá de mirar, de analizar, de encontrar pistas que te lleven a entender en qué parte estás parado.

Ya no sigas caminando y buscá ayuda. Comenzá a gritar si es necesario, hasta que alguien pueda escucharte, alguien que esté preparado para escuchar y pueda guiarte en el camino”.

Y quiero decirte algo:

Yo te prometo en este día, te prometo en nombre de Dios que Él no te va a dejar sólo nunca. Que siempre va a poner alrededor tuyo los instrumentos para que puedas sanarte y salir de donde estás. Guías que te conduzcan por ese camino de ceguera, de tinieblas.

Es que probablemente el secreto sea saber que las sendas antiguas son las sendas que quizá hemos dejado de lado, los caminos que hemos olvidado, las huellas que conducen a Dios.

¿Qué cosas me hicieron bien en otras ocasiones? ¿Qué fue lo que me ayudó cuando esto mismo me había pasado antes?

Darme cuenta en medio de la noche que esto es transitorio, que hasta hace solamente un poco había luz… y que sin lugar a dudas, esa luz volverá pronto, muy pronto a emerger.

En esos momentos en que las palabras se niegan a salir por sí mismas y es necesario forzarlas, en esos momentos en que nos da ganas de quedarnos adentro, lo más adentro posible, de encerrarnos en nosotros mismos y buscar protección, allí es donde justamente Dios nos invita a preguntarle cuál es el camino, cuál es la senda.

Hubo un pensamiento, una imagen, un disparador que terminó enredándote en la depresión. Es necesario que mires hacia atrás, que analices cuál fue el arco que disparó la flecha que hirió tu alma. Tenés que reconocerlo porque de ese modo vas a poder desarmarlo. Dentro tuyo está lo bueno y lo malo, y tenés que hacer el ejercicio de construir un pensamiento, una idea, una imagen que contrarreste aquella que te hizo daño. Se puede salir del malestar, buscando en nuestra mente esas imágenes cargadas de buenas sensaciones. Dentro nuestro está lo bueno y lo malo: es cuestión de lograr la capacidad de ver lo  positivo, porque siempre hay un tiempo para recuperar lo bueno.

Como para dar un ejemplo, pensemos que en un estante de algún armario de nuestra casa tenemos distintos videos conteniendo malos y  buenos momentos de nuestra vida. Cuando estamos mal tendemos a ver todo negativo, y estamos sentados frente al televisor observando todo el tiempo, esas imágenes que nos hacen mal; y los buenos recuerdos quedan olvidados en el fondo del estante.

Está en nosotros, y con la ayuda de Dios, poder revivir lo bueno, sacar los videos del fondo del estante, para sentarnos a mirar todo lo bueno que la vida nos ha dado, por supuesto sin negar lo malo, porque eso forma parte de nuestra historia personal.

 Me siento mal, sí,  pero todavía estoy vivo, aunque parezca que no hay salida. Sólo se trata de vivir, como dice la canción popular. Vivir para que al final de nuestros días podamos mirar hacia atrás y que nuestras páginas de vida no estén en blanco o perdidas en trivialidades, y que lo esencial, lo que nos hace humanos, lo que nos hace bien, esté allí, escrito y grabado para siempre.

Cuando estemos perdidos, dice Jeremías que nos detengamos, que paremos la pelota, y que preguntemos hasta encontrar respuestas. ¿cuáles son? ¿dónde están las viejas sendas? ¿dónde está el camino de mi restauración, el camino que me conduce hacia ya no estar sólo, hacia ya no estar triste, hacia un nuevo encuentro con Dios?

Es hora, es tu hora, siempre. Es hora de volver, de verdad, afrontar los miedos, las preocupaciones, las incertidumbres, las angustias, es hora de volver y aunque no podamos solos, buscar a nuestro alrededor a la persona idónea, aquella que no juzgue, aquella que no pregunte porqué, aquella que silenciosamente, amorosamente, sea capaz de tomarte del brazo y acompañarte hasta que tengas la capacidad nuevamente de seguir caminando por tus propias fuerzas.

David, igual que otros personajes importantes en la Biblia, pasó por esto. Él sabía de estas cosas. Él se animó a hablar y hasta de hacer canciones como el salmo 31 que así lo atestiguaron. Y  Dios creyó que esas canciones que hablaban de tristeza era bueno que llegaran hasta nosotros a través de la Biblia, probablemente para que sepamos que aquel que había vencido al gigante Goliat y que había enfrentado bestias salvajes solamente con sus manos, también podía sentirse triste y estar angustiado… igual que vos y que yo.

Pero ese hombre, abrió su corazón al Padre y pudo mirar al cielo y hablar con toda la franqueza que fue capaz:

 Salmo 31:1 al 5    En ti,  Jehová,  he confiado;   no sea yo confundido jamás. 

 ¡Líbrame en tu justicia!

Inclina a mí tu oído,   líbrame pronto.   ¡Sé tú mi roca fuerte  y la fortaleza para salvarme!

Tú eres mi roca y mi castillo;   por tu nombre me guiarásy me encaminarás.

¡Sácame de la red que me han tendido,   pues tú eres mi refugio!

 Orá conmigo en voz alta, para que el mundo espiritual que te rodea se entere de que no tirás la toalla, que no te estás entregando, y que vas a salir de donde estás.

 En tu mano, Señor,  encomiendo mi espíritu;  tú me has redimido, Dios de verdad.

Yo también digo como David, como Elías, como Jesús, como Pedro: “en tus manos encomiendo mi espíritu, querido Papá. En vos entrego todo mi ser. Creo, con todas mis fuerzas que podés sacarme de este valle de sombras, que sos mi Dios, mi Roca Fuerte, mi Torre firme, mi Fortaleza.

Con tu ayuda podré vencer al gigante de la depresión, que presiona mi alma para no dejarme respirar. No me entrego, pongo en Tus manos amorosas mi vida, pongo entre tus brazos mi espíritu angustiado que necesita el abrazo del Padre. Conducime a la salida, yo me dejaré llevar porque mirándote podré encontrar la luz que necesito.

¡Gracias, Señor!

Amén